Recuerdo que cuando llegue al hospital acababa de entrar en coma profundo. Es una imagen que siempre tendré en mi mente, ver como todo el personal médico de la planta corría a su habitación me hizo ser consciente de que ya no había remedio, su vida se apagaba. Estuve con él hasta el último momento, y, sin duda, lo que más me impactó y no puedo olvidar fue cuando lo taparon con la sábana blanca y se lo llevaron.
Aunque él ya no esté aquí, sigue estando presente todos los días en mi vida. Lo quiero muchísimo y sigo haciendo un esfuerzo constante por recordar su voz, su manera de actuar, su mirada... por recordarle a él. Así que, este poema está dedicado al momento más duro de mi vida, la despedida.
Hasta siempre
Frío como el hielo te encuentro
y al dulce pasado me aferro.
Olvido decirte un duro adiós
cuando tus ausentes ojos cierro.
Pienso en tus verdes y bellas pupilas
mientras acaricio tus suaves mejillas.
Toco tu dulce y rosada piel,
aún caliente de tu vieja vida.
Para ti, abuelo. Te quiero hoy y siempre.
I. Baltanás.

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